DIACONÍAS DEL CARMELO HOY
1. Diaconía de la acogida
El proyecto de vida de la Regla del Carmelo, en el capítulo 6, delinea una fraternidad
abierta al mundo, con un estilo de vida de acogida presurosa y de disponibilidad total madurada en
el discernimiento. Nuestras comunidades deberían estar abiertas a la acogida de aquellos
que pretendan hacer una experiencia de oración, de escucha orante de la Palabra, de tiempos
de desiertos.
Además de las referencias a la dimensión de la fraternidad abierta, vale la pena
subrayar que la tradición espiritual del Carmelo y de nuestra Congregación, siempre
ha resaltado a María y su ser Madre y Hermana con actitudes de familiaridad y ternura.
2. Diaconía de la palabra
En el Carmelo es preeminente la primacía de la Palabra de Dios, leída, meditada,
orada, contemplada y vivida. La Palabra que impregna e inspira todo, se experimenta como una
energía plasmada de la comunión fraterna (cap. 4, 7-11; 17-18) y como dinamismo de
crecimiento en el hombre espiritual. La diaconía de la Palabra nos educa a nosotras y para
los otros, en la práctica de la lectio divina de forma que la Palabra more en toda
su riqueza en nuestra boca y en nuestro corazón y todo nuestro actuar se inspire en la
confrontación con ella.
Desde esta experiencia de Dios, tomamos una mayor conciencia de los desafíos del propio
tiempo y elaboramos nuevas respuestas a los problemas que se presentan.
3. Diaconía de la oración
Una de las imágenes simbólicas fuertemente evocativa del Carmelo de los
orígenes es la "centralidad" de la Iglesia dedicada a Santa María, "la Señora
del lugar": esto indica la centralidad de la Eucaristía como fuerza plasmadora de la
koinonía fraterna en la línea existencial de la condivisión, de la
caridad y del servicio. No por casualidad, la Regla pone esta "centralidad" en un contexto
más amplio (los caps. 7-13) donde emerge con evidencia el "enlace" entre oración y
vida.
Otra imagen, complementaria a la primera, es la que se expresa en la tradición
espiritual que afirma que los carmelitas eran llamados profetas porque salmodiaban, o bien porque
cantaban en alabanza de Dios, salmos, himnos y cánticos con instrumentos musicales en la
"casa de oración" que Elías había edificado para ellos en el Monte Carmelo,
donde se reunían tres veces al día para la oración.
Esta doble imagen revela el sentido de nuestra vida como una auténtica "alabanza de
gloria" -para decirlo con Isabel de la Trinidad- en la que se refleja la presencia del Dios
viviente.
El tema "oración vida" es uno de los más fecundos en la tradición
espiritual del Carmelo, hasta el punto de haber tenido una resonancia eclesial a nivel universal,
educando e inspirando generaciones enteras.
Nos toca a nosotros hoy revitalizar la herencia de esta "indiscutible" diaconía, dando
sobre todo a nuestra oración, personal y comunitaria, a nuestra liturgia, no sólo
dignidad y decoro, sino también un respiro contemplativo que la nutre de la Palabra de Dios
y la encarna en la vida.
4. Diaconía del acompañamiento espiritual
Una de las características de la espiritualidad carmelitana es la de proponerse como
"espiritualidad del camino", como itinerario mistagógico para una experiencia de Dios
más auténtica y madura.
Esta dimensión la encontramos presente en la mayor parte de los escritores carmelitas:
Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz, Teresa de Lixieu, Isabel de la Trinidad, Miguel de
San Agustín... Son ejemplos suficientes para recordarnos la gran herencia pedagógica
que ha tenido el Carmelo en el acompañamiento espiritual de los creyentes.
Hoy, como carmelitas, podemos sentirnos llamadas a reconsiderar esta "indiscutible"
diaconía, revitalizándola en formas renovadas y creativas: acción pastoral,
orientación y discernimiento vocacional...
5. Diaconía de la justicia y de la paz
La Regla exhorta a revestirse de las "armas espirituales" para poder desarmar "al adversario" y
testimoniar con la fe, la esperanza y la caridad, el evangelio de la paz (cap. 14).
La vida carmelita tiene la misión profética de recordar y servir el designio de
Dios sobre los hombres. Sólo las personas habituadas a discernir, a buscar la voluntad de
Dios, "saben percibir con claridad y traducir después con valentía en opciones
coherentes tanto el carisma original, como las exigencias de la situación histórica
concreta" (VC, 73).
Figuras ejemplares de solidaridad no han faltado en el Carmelo:
- María como mujer humilde, capaz de caminar con los pobres de la tierra.
- Elías como hombre de la solidaridad para la promoción de la justicia.
- Madre Elisea, como opción preferencial por los pobres: "llegar donde otros no
pueden"...
Estos testimonios nos impulsan a seguir trabajando por la promoción de la justicia y de
la paz:
- Colaborando a crear en el territorio "observadores permanentes" de la pobreza y de la justicia
en la defensa de los derechos humanos.
- Cuidando los momentos de oración y de espiritualidad sobre la justicia, la paz y
salvaguarda de lo creado.
- Educando a los jóvenes en la elección del servicio civil alternativo al servicio
militar.
- Sensibilizando al voluntariado a entregar un poco del propio tiempo para los
demás.
6. Diaconía del diálogo interreligioso
El diálogo ecuménico e interreligioso son considerados una de las prioridades de
la Iglesia de nuestro tiempo.
Sabemos que el Carmelo nació en Tierra Santa, lugar donde están presente las tres
grandes religiones monoteístas del tronco de Abrahán. Hebraísmo, Islamismo y
Cristianismo. Sabemos también que las figuras bíblicas del profeta Elías y de
María de Nazaret que caracterizan el carisma y la espiritualidad del Carmelo, son
significativos, tanto para las iglesias Orientales y de la Reforma como para los hebreos y
musulmanes.
Hoy podemos llevar a cabo esta diaconía:
- Dando a nuestra oración comunitaria una dimensión y un sentido más
ecuménico.
- Buscando momentos de formación sobre el ecumenismo y del conocimiento de las otras
religiones.
- Colaborando con los centros diocesanos encargados de este sector.
7. Diaconía de la belleza
Nos referimos a la belleza en sentido teológico-espiritual, como armonía de vida
modulada sobre la cualidad del amor divino: capacidad de "kénosis", de comunión y
reciprocidad, de don y gratuidad; como capacidad de "asombrarse", maravillarse, y por lo tanto
implicarse frente a todo lo nuevo que Dios suscita en los acontecimientos de la historia.
Esta belleza, dimensión estética del hombre espiritual está presente de
manera relevante en el Carmelo. Basta seguir la rica simbología de nuestros autores.- Desde
la Regla que presenta al hombre espiritual como hombre "revestido" de las cualidades de Cristo,
hombre "nuevo" (cap. 14) a la Institutio primorum monachorum que presenta a los carmelitas
como hombres salmodiantes con instrumentos musicales, a Juan de la Cruz que considera el
itinerario del creyente como un progresivo revestirse de la belleza de Dios reflejada en la
belleza de su Hijo...
Para el Carmelo el modelo antropológico "logrado" es María de Nazaret, invocada
como "Madre y decoro del Carmelo", contemplada como el espejo purísimo de la belleza de
Dios.
A Madre Elisea, como figura más cercana a nosotras, la experimentamos también
revestida de estas mismas cualidades que ponen de manifiesto la dimensión de la belleza en
nuestra espiritualidad.
Recuperar la "vía" de la belleza en prospectiva diaconal, comporta la
revalorización de todas las experiencias artísticas -literarias, figurativas,
musicales- para testimoniar -anunciar la experiencia de Dios a los hombres de nuestro tiempo, a
veces vacíos de ideales y alienados en lo efímero.
|