EL CARISMA, LA ESPIRITUALIDAD Y LA DIACONÍA APOSTÓLICA DE LA CONGREGACIÓN DE HERMANAS DE LA VIRGEN MARÍA DEL MONTE CARMELO

El Carisma y la Espiritualidad Diaconías del Carmelo hoy

La Congregación de Hermanas de la Virgen María del Monte Carmelo nació en el "seno" de la Orden del Carmen y se formó en el cauce del ideal carismático y espiritual del Carmelo.

La Bruna, icono carmelitano

En tiempos de M. Elisea y de sus primeras hermanas subrayaba el primado de la intimidad divina: unión con Dios, contemplación, oración y silencio, el obsequio de Jesucristo: expresado tanto en la meditación de su Palabra, como en el amor a Jesús Eucaristía y la devocion al Santísimo Sacramento, a la Pasión del Señor y al Sagrado Corazón de Jesús, la espiritualidad mariana: como amor e identificación con María en el seguimiento de Jesucristo y en el servicio a los hermanos, la espiritualidad eliana: en especial en el "vivir en la presencia de Dios" como el profeta Elías, la devoción a S. José: esposo de la Virgen María y padre putativo de Jesús, tomado como patrón de la Congregación.

Profeta Elías, mosaico en Casa Madre

Dentro de este "seno" y cauce del ideal carismático y espiritual del Carmelo de aquel tiempo, el Espíritu, progresivamente, fue formando en M. Elisea Oliver y en sus primeras hermanas el modo específico de vivir este ideal. La confianza en Dios Providencia, la humildad de corazón, una vida comunitaria sencilla y sobria dedicada al servicio de los pobres, la opción de fundar la mayor parte de las casas en los lugares más pobres, son indicadores muy significativos que hoy nosotras interpretamos como el ideal carismático de Madre Elisea.

Esta vida totalmente entregada y confiada en Dios, abierta a la Palabra-Sabiduría del Padre, a su designio de que todos seamos uno en Cristo, fue irradiando como fruto el valor de la sencillez evangélica. Este valor lo descubrimos como fundamental del legado espiritual de Madre Elisea y forma parte de la identidad de la Congregación como modo de vivir los valores del Carisma Carmelita: oración-contemplación, fraternidad y servicio.

La sencillez evangélica, es asumida por el cuerpo Congregacional como una espiritualidad que permite traducir en estilo de vida la inspiración carismática: el carisma y espiritualidad carmelita, tal como era comprendido y vivido por los carmelitas co-fundadores de la Congregación.

La sencillez evangélica nos radica en Cristo Jesús. "Él solo es -escribe M. Elisea- el dueño y poseedor de sus anhelos" (Carta 15). "Que Jesús llene vuestros corazones y sea el único que reine entre nosotros" (Carta 19).

La sencillez evangélica evoca el misterio pascual de la kénosis -anonadamiento- del Señor, la presencia de Cristo pobre que ama y cuida de todos los pobres y los marginados de la sociedad.

La sencillez evangélica nos abre al misterio de Cristo Jesús, que alaba al Padre, ya que ha revelado la sabiduría del Reino a los pequeños y a los pobres (cf. Mt 11, 25-30; Lc 10, 21-22). Y el primer pobre es Cristo Jesús, el Hijo: Él se despojó de su forma divina para asumir la humana (Flp 2, 7); Él es aquel que confía totalmente en el Padre; él es acogida pura del Padre; es aquel que no tiene nada suyo, sino que todo lo recibe del Padre y nos lo da a nosotros.

Verdaderamente en Cristo Jesús, en aquel que se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (2Cor 8, 9), se ha revelado el amor y la ternura de Dios para con los pobres.

Después de Cristo, el primer Pobre, no podemos dejar de recordar a María de Nazaret, la Madre del Señor, aquella que se reconoció la humilde sierva del Señor y, como su Hijo Jesús (Lc 10, 21-22), alabó a Dios Salvador, el cual abaja a los soberbios y ensalza a los humildes (cf. Lc 1, 46-55).

Mirando a la experiencia de M. Elisea, al carisma y a la espiritualidad del Carmelo, tal como la Orden lo interpreta hoy: fraternidad contemplativa en medio del pueblo, y a lo que hoy la reflexión teológica entiende como espiritualidad, delineamos esquemáticamente nuestra espiritualidad, modulada según las líneas de este estilo de vida:


adorno Comunidad de hermanas

La fraternidad está fundada y vivida en Cristo, en particular en la escucha orante de la Palabra, en la Eucaristía, en la celebración de las Horas, en el sacramento de la reconciliación. La fraternidad exige ser vivida en las relaciones interpersonales, en la pobreza y en el compartir, en la ternura, en la atención a la otra hermana, en la corrección fraterna. El modelo mariano: María, Madre y Hermana.


adorno Testigos del amor de Cristo a los pobres y al servicio de los necesitados

La fraternidad tiene una dimensión contemplativa. Radicadas cada vez más en la escucha de la Palabra, las hermanas aprendemos a vivir una vida sencilla y sobria, a discernir el amor de Dios por los pobres y a ver en ellos el rostro de Cristo. El modelo eliano: Elías, testigo del primado de Dios sobre toda forma de idolatría. El modelo mariano: María, mujer del Magnificat, que alaba el amor de Dios hacia los humildes.


adorno "Llegando allí donde otros no puedan llegar"

Es el criterio profético que nos ha transmitido M. Elisea, el cual exige, mirando al profeta Elías, defensor de los pobres indefensos (cf. 1R 21), ante todo saber discernir proféticamente cuáles son hoy las personas más necesitadas y las personas más marginadas de la sociedad de la tecnología y del libre mercado.

Además, exige saber discernir cuáles son hoy los lugares de "frontera" donde los demás no pueden ir y donde el Espíritu llama a la Iglesia. El modelo paulino: el apóstol Pablo, nuestro maestro y ejemplo (cf. Regla del Carmelo, cap. 15), fue un apóstol de "frontera".




DIACONÍAS DEL CARMELO HOY

1. Diaconía de la acogida

El proyecto de vida de la Regla del Carmelo, en el capítulo 6, delinea una fraternidad abierta al mundo, con un estilo de vida de acogida presurosa y de disponibilidad total madurada en el discernimiento. Nuestras comunidades deberían estar abiertas a la acogida de aquellos que pretendan hacer una experiencia de oración, de escucha orante de la Palabra, de tiempos de desiertos.

Además de las referencias a la dimensión de la fraternidad abierta, vale la pena subrayar que la tradición espiritual del Carmelo y de nuestra Congregación, siempre ha resaltado a María y su ser Madre y Hermana con actitudes de familiaridad y ternura.

2. Diaconía de la palabra

En el Carmelo es preeminente la primacía de la Palabra de Dios, leída, meditada, orada, contemplada y vivida. La Palabra que impregna e inspira todo, se experimenta como una energía plasmada de la comunión fraterna (cap. 4, 7-11; 17-18) y como dinamismo de crecimiento en el hombre espiritual. La diaconía de la Palabra nos educa a nosotras y para los otros, en la práctica de la lectio divina de forma que la Palabra more en toda su riqueza en nuestra boca y en nuestro corazón y todo nuestro actuar se inspire en la confrontación con ella.

Desde esta experiencia de Dios, tomamos una mayor conciencia de los desafíos del propio tiempo y elaboramos nuevas respuestas a los problemas que se presentan.

3. Diaconía de la oración

Una de las imágenes simbólicas fuertemente evocativa del Carmelo de los orígenes es la "centralidad" de la Iglesia dedicada a Santa María, "la Señora del lugar": esto indica la centralidad de la Eucaristía como fuerza plasmadora de la koinonía fraterna en la línea existencial de la condivisión, de la caridad y del servicio. No por casualidad, la Regla pone esta "centralidad" en un contexto más amplio (los caps. 7-13) donde emerge con evidencia el "enlace" entre oración y vida.

Otra imagen, complementaria a la primera, es la que se expresa en la tradición espiritual que afirma que los carmelitas eran llamados profetas porque salmodiaban, o bien porque cantaban en alabanza de Dios, salmos, himnos y cánticos con instrumentos musicales en la "casa de oración" que Elías había edificado para ellos en el Monte Carmelo, donde se reunían tres veces al día para la oración.

Ruinas de la primera capilla en el Monte Carmelo

Esta doble imagen revela el sentido de nuestra vida como una auténtica "alabanza de gloria" -para decirlo con Isabel de la Trinidad- en la que se refleja la presencia del Dios viviente.

El tema "oración vida" es uno de los más fecundos en la tradición espiritual del Carmelo, hasta el punto de haber tenido una resonancia eclesial a nivel universal, educando e inspirando generaciones enteras.

Nos toca a nosotros hoy revitalizar la herencia de esta "indiscutible" diaconía, dando sobre todo a nuestra oración, personal y comunitaria, a nuestra liturgia, no sólo dignidad y decoro, sino también un respiro contemplativo que la nutre de la Palabra de Dios y la encarna en la vida.

4. Diaconía del acompañamiento espiritual

Una de las características de la espiritualidad carmelitana es la de proponerse como "espiritualidad del camino", como itinerario mistagógico para una experiencia de Dios más auténtica y madura.

Esta dimensión la encontramos presente en la mayor parte de los escritores carmelitas: Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz, Teresa de Lixieu, Isabel de la Trinidad, Miguel de San Agustín... Son ejemplos suficientes para recordarnos la gran herencia pedagógica que ha tenido el Carmelo en el acompañamiento espiritual de los creyentes.

Hoy, como carmelitas, podemos sentirnos llamadas a reconsiderar esta "indiscutible" diaconía, revitalizándola en formas renovadas y creativas: acción pastoral, orientación y discernimiento vocacional...

5. Diaconía de la justicia y de la paz

La Regla exhorta a revestirse de las "armas espirituales" para poder desarmar "al adversario" y testimoniar con la fe, la esperanza y la caridad, el evangelio de la paz (cap. 14).

La vida carmelita tiene la misión profética de recordar y servir el designio de Dios sobre los hombres. Sólo las personas habituadas a discernir, a buscar la voluntad de Dios, "saben percibir con claridad y traducir después con valentía en opciones coherentes tanto el carisma original, como las exigencias de la situación histórica concreta" (VC, 73).

Figuras ejemplares de solidaridad no han faltado en el Carmelo:

  • María como mujer humilde, capaz de caminar con los pobres de la tierra.
  • Elías como hombre de la solidaridad para la promoción de la justicia.
  • Madre Elisea, como opción preferencial por los pobres: "llegar donde otros no pueden"...

Estos testimonios nos impulsan a seguir trabajando por la promoción de la justicia y de la paz:

  • Colaborando a crear en el territorio "observadores permanentes" de la pobreza y de la justicia en la defensa de los derechos humanos.
  • Cuidando los momentos de oración y de espiritualidad sobre la justicia, la paz y salvaguarda de lo creado.
  • Educando a los jóvenes en la elección del servicio civil alternativo al servicio militar.
  • Sensibilizando al voluntariado a entregar un poco del propio tiempo para los demás.

6. Diaconía del diálogo interreligioso

El diálogo ecuménico e interreligioso son considerados una de las prioridades de la Iglesia de nuestro tiempo.

Sabemos que el Carmelo nació en Tierra Santa, lugar donde están presente las tres grandes religiones monoteístas del tronco de Abrahán. Hebraísmo, Islamismo y Cristianismo. Sabemos también que las figuras bíblicas del profeta Elías y de María de Nazaret que caracterizan el carisma y la espiritualidad del Carmelo, son significativos, tanto para las iglesias Orientales y de la Reforma como para los hebreos y musulmanes.

Hoy podemos llevar a cabo esta diaconía:

  • Dando a nuestra oración comunitaria una dimensión y un sentido más ecuménico.
  • Buscando momentos de formación sobre el ecumenismo y del conocimiento de las otras religiones.
  • Colaborando con los centros diocesanos encargados de este sector.

7. Diaconía de la belleza

Nos referimos a la belleza en sentido teológico-espiritual, como armonía de vida modulada sobre la cualidad del amor divino: capacidad de "kénosis", de comunión y reciprocidad, de don y gratuidad; como capacidad de "asombrarse", maravillarse, y por lo tanto implicarse frente a todo lo nuevo que Dios suscita en los acontecimientos de la historia.

Esta belleza, dimensión estética del hombre espiritual está presente de manera relevante en el Carmelo. Basta seguir la rica simbología de nuestros autores.- Desde la Regla que presenta al hombre espiritual como hombre "revestido" de las cualidades de Cristo, hombre "nuevo" (cap. 14) a la Institutio primorum monachorum que presenta a los carmelitas como hombres salmodiantes con instrumentos musicales, a Juan de la Cruz que considera el itinerario del creyente como un progresivo revestirse de la belleza de Dios reflejada en la belleza de su Hijo...

Para el Carmelo el modelo antropológico "logrado" es María de Nazaret, invocada como "Madre y decoro del Carmelo", contemplada como el espejo purísimo de la belleza de Dios.

A Madre Elisea, como figura más cercana a nosotras, la experimentamos también revestida de estas mismas cualidades que ponen de manifiesto la dimensión de la belleza en nuestra espiritualidad.

Recuperar la "vía" de la belleza en prospectiva diaconal, comporta la revalorización de todas las experiencias artísticas -literarias, figurativas, musicales- para testimoniar -anunciar la experiencia de Dios a los hombres de nuestro tiempo, a veces vacíos de ideales y alienados en lo efímero.



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